Chopicalqui una montaña con carácter
Logística a 6,354metros.
Con paso lento por el cansancio y la oscuridad, llegamos a Campo Morrena después de 18 horas de trabajo para subir al Chopicalqui, hambrientos y deshidratados pero con el espíritu satisfecho, montamos la tienda para pasar la última noche en la montaña.
Preparaciónes lo que se necesita para una Expedición y que las probabilidades de que se tenga éxito sean mayores ya que la montaña es la que lo decide todo “La Pacchamama” dicho en Quechua; Todo comienza con definir el objetivo “tal vez un sueño o un deseo” y todo gira alrededor de éste, un entrenamiento científicamente diseñado, el desarrollo, perfeccionamiento y especificación de la técnica, rigurosos estudios médicos así como la planeación de la alimentación y la Logística para una montaña de más de seis mil metros.
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| Aproximación... |
Llegamos alrededor del medio día a la senda que nos conduciría al Campo Base situado a 4,300 m de altura solo cien metros por arriba de donde nos dejo la camioneta que nos transporto de Huaraz a la Quebrada de Llanganuco, Yuraccorral por la carretera que sube al portachuelo de Llanganuco, en la reserva del Huascarán, desde una curva de la carretera (a 4,200 m), comenzamos la caminata un equipo de ocho montañistas, por la suave pendiente que entra a una zona de arbustos y quenuales que se encuentran en una estrecha quebrada que se forma con la ladera Occidental del Chopicalqui. Una pequeña pampa que ya poco se usa como campo base y que pasamos de largo, nos indicaba el comienzo de una larga y cansada subida, comenzamos por un camino poco trazado y empinado el cual nos condujo a lo alto donde seguimos un conjunto de hitos que nos colocaban sobre la morrena que cruzaba la lengua glaciar la cual se encontraba llena de piedras y es la cabecera de la Quebrada Yurac , después de cruzarla, y ganar el lomo de la próxima morrena por un filo que no rebasaba los cincuenta centímetros de ancho y que se desaparecía bajo nuestros pies en cada paso que se daba y con un viento que no favorecía el avance, este marcaba una senda clara que lleva al Campo Morrena (a 5,100 metros), bajo una pared rocosa que sube en una cuña hacia los glaciares del Chopicalqui y el Huascarán Sur.
En el primer tercio de esta pesada y larga morrena con un desnivel de 600 metros, el esfuerzo ya se reflejaba en cansancio, el peso de nuestras mochilas, el calor que generaba el sol de un día tan despejado que el cielo se tintaba de un intenso azul celeste y los residuos del trabajo previo en el Vallunaraju, logró que dos de nuestros miembros decidieran no continuar, los restantes seis después de un breve descanso e hidratarnos y comer lo que teníamos preparado para el acercamiento, continuamos con nuestra ascensión, después de 4 ó 5 horas llegamos a Campo Morrena.
De repente un ¡Estruendo! una avalancha por la cara Oeste, (en esta época del año a principios de la temporada el Chopicalqui se caracteriza por el gran numero de avalanchas y la nieve blanda y profunda en su parte cimera que obliga a retirarse a muchas cordadas). A partir de este momento el ruido de la caída de grandes cantidades de nieve y piedras, se convirtieron en nuestra compañía, con esto nos dimos cuenta la gran energía que liberaba la montaña de su escarpada y granítica pared Oeste, como una gran competencia de colosos el Huascarán también dejaba ver su fuerza; dando la sensación de encontrarnos en el centro de una enorme tormenta.
Recuerdo que esa noche el cielo se encontraba tan lleno de estrellas que casi no se veía espacios entre ellas, la tranquilidad del calido ambiente solo se veía perturbado por el estruendo del desprendimiento de la nieve, este apacible clima en el que el viento era escaso y la temperatura no era tan baja que nos permitía dormir en ropa interior o desnudos, este calido ambiente se convertiría más adelante en una carrera contra reloj.
Los primeros rayos del sol nos despertaron y en cuanto se asomaron por la cima de la montaña comenzamos a sentir el calor de estos, el ambiente era seco y nos robaba poco a poco la humedad que quedaba en nuestro cuerpo, ya contábamos con pocos líquidos, a pesar que subimos la mayor cantidad de agua que podíamos tolerar en nuestra carga, ya que no contábamos con porteadores como otras expediciones “lujo o necesidad” lo cierto es que no podíamos cubrir el gasto; en estas situaciones se tiene que encontrar con el equilibrio justo de carga- esfuerzo, ya que a mayor carga mayor esfuerzo mayor necesidad de recuperar lo perdido (líquidos y nutrientes), esa mañana ya se notaba el desgaste de algunos de nosotros, afortunadamente ninguno presentaba problemas de mala aclimatación o de alguna alteración mayor, pero estábamos consientes que esto era el principio y para algunos era su primera experiencia en una montaña de esta talla, así que evaluaron su situación con respecto a la montaña y que si tomaban la decisión de continuar y por alguna razón alguno se tenia que volver el resultado era el regreso de todo el equipo; En silencio cada uno considero su situación, sus expectativas y sus motivos para continuar o regresar, nadie cuestiono decisiones o razones, todo es personal y privado, ¡lo mejor por el equipo!, “El subir es voluntario, el regreso obligatorio” . Al final solo tomamos la decisión de subir Edgar y Yo, los demás descenderían y después de un descanso realizarían otro objetivo; Nos alistamos y reorganizamos el equipo y alimentos, una nueva logística pero el mismo objetivo y meta (subir el Chopicalqui por la variante de su arista Sur-Oeste en el menor tiempo posible, montando un solo campo de altura en estilo alpino) recordemos que no teníamos porter, algo loco para algunas expediciones que venían de regreso y que por las condiciones de la montaña no todas avían logrado hacer cumbre, la predicción para nosotros era la misma; sin desanimarnos nos preparamos para ascender.
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| El Chopicalqui 6,354 msnm, Cordillera Blanca Perú |
Salimos de campo morrena en cuanto terminamos de organizarnos, sabíamos que el campo alto estaba como a 4 ó 5 horas a 5,600 metros, saltando de bloque en bloque de las enormes piedras exhaladas por el glaciar y que formaban un laberinto, el cual se podía modificar de un momento a otro y quedáramos como parte de la arquitectura de la montaña; Al llegar a la base del glaciar nos encontramos con la disyuntiva de decidir por donde montaríamos este, si por un canalón el cual nos podría escupir material en cualquier momento o por una serie de seracs, grietas y paredes de Hielo tan frágiles que a la más mínima presión se colapsarían, ¡difícil decisión! ; Después de equiparnos y comunicarnos por radio con nuestros compañeros para darles nuestra ubicación y algunos detalles, decidimos intentar por un pasillo entre las paredes de hielo, después de avanzar algunos metros y cambiar de ángulo y perspectiva notamos que no nos conduciría en la dirección correcta y decidimos buscar otra alternativa que no fuera el canalón, por algunos minutos estudiamos las posibilidades y pudimos localizar un pequeño filo escalonado no mayor de 40 cm. de ancho y de unos 50° de inclinación, con 6 ó 7 mts. de alto y que después nos dimos cuenta que desembocaba en una pequeña rampa que nos subiría al plato Glaciar y en camino al campo alto; Edgar se ofreció en avanzar primero, escalar el filo y rampa hasta salir al plato glaciar, mientras yo lo aseguraría y proseguiría después.
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