—¡Somos “menos-miles”! ¿Te das cuenta de lo que significa eso?
Eran las palabras de Víctor Chávez, quien, con un rostro radiante, no podía ocultar la inmensa alegría de sentir que habíamos logrado nuestro propósito y de saberse ya fuera de la cueva donde había estado a más de mil metros de profundidad tras muchos trabajos y dificultades.
EL INICIO: 1997
Cuando en junio de 1997, Leopoldo Martínez Rojano (q.e.p.d.), en la madeja de proyectos que rondaban siempre por su cabeza, nos comentaba a Javier Martínez y a mí su intención de realizar otro menos mil, es decir, llegar al fondo de una cueva de más de mil metros de profundidad, e integrar un equipo sólo de mexicanos, no imaginaba que un par de años después estaríamos haciéndolo, curiosamente sin su presencia, pero personalmente en su póstumo honor.
Su idea era realizar Akemati, cueva de 1,135m de profundidad, y pretendía que, al igual que la realizada en 1993 por quienes en ese entonces estaban en el equipo de espeleología de la UNAM, y dirigidos por Manuel Casanova, satisfactoriamente llegaran a la sima del sótano Pozo Verde, de -1070 metros.
Sin embargo, quienes en ese entonces pretendíamos pisar la sima de Akemati éramos un grupo reducido, lo que aplazó la realización de la idea. Fue el mismo Polo quien planteó después a Manuel Casanova su intención y, después del curso técnico de espeleología de 1997, se comenzó a organizar a un grupo y preparar para Semana Santa de 1998, lo que sería el primer intento por conseguir la sima de Akemati.
LA BÚSQUEDA: 1998
Sabíamos donde estaba, pero no teníamos la más ligera idea de su topografía, localización exacta y, en fin, la logística no era tan lógica en ese momento. Por fin, aprovechando los recursos que Internet da actualmente, Juan Hirose, logró contactar a Richard Grebeude, integrante del Groupe Spéléo Alpin Belge (GSAB), quienes habían topografiado la cueva y conquistado por primera vez la sima en 1988. Así tuvimos en nuestras manos un documento con su bitácora y descripción de la cueva.
Existía cierta dificultad en la lectura de la descripción de la cueva y de la zona misma, ya que su dominio del español obviamente no era tan preciso como nosotros hubiéramos querido para salir de muchas dudas. Sin embargo, ya con esta información en las manos y con lo que en ese entonces creímos necesario y suficiente, partimos en Semana Santa de 1998 hacia Akemati, amontonados en un solo camión con aproximadamente media tonelada entre equipo y alimento.
Córdoba, Tezonapa, Tepequeshpa y Huitzmaloc, éste último ya en la Sierra de Zoquitlán en Puebla, quedaron como los principales lugares por donde había que pasar para llegar a la caverna. El viajar 35 personas juntas retrasaba el avance y nos tomó casi dos días llegar al lugar. Este retraso y la cercanía de numerosos incendios que se produjeron en ese año, nos hicieron desistir cuando apenas habíamos llegado a los 480 metros.
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