- Por cuestiones militares no podemos ir a Iztacxochitla…”, nos decía Gerardo Galindo (Galo), pero Emilio nos propone ir a Tilaco para llegar a la sima.
Como ya tenemos pensado realizar un -1000 m, nos servirá como entrenamiento, decíamos los interesados. Muy bien, veamos cuántos somos y determinemos el plan de desarrollo.
El lunes 17 de diciembre de 2007 salimos por la noche a la casa del “Pick” (Ricardo Martínez), para partir al día siguiente a las seis de la mañana. El 18 salimos rumbo a Querétaro siguiendo la ruta de Las Misiones, por la Sierra Gorda, hasta llegar a la de Tilaco entre la una y las dos de la tarde. En ese momento, Lorenzo Ortíz y “Pick” pasaron a la comisaria a pedir permiso, mientras el resto llevaba el campamento y el equipo de armado hacia “la cueva”, como lo llaman los lugareños de Tilaco.
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La Misión de Tilaco
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Una vez instalado el campamento de tres tiendas, Emilio, siendo el organizador y por ende el jefe de la salida, determinó las cordadas y que como buenos espeleólogos de la UNAM, en lugar de llamarse cordada uno, dos, etc., nos reconocíamos como cordada chismosa (Galo, Alejandra y Lencho), cordada de los choferes resignados (Emilio, Efraín y Juan Carlos), cordada de los vientos (Ramsés, Julio y Pick) y la cordada del amor (Daniel y Arturo).
Ya de antemano teníamos la topografía del Sótano de Tilaco. De todos los integrantes, “Lencho” ya había llegado a la sima, a Galo le habían faltado dos tiros, y Emilio conocía poco más de 100 metros; los ocho restantes no teníamos ni idea de en que líos nos meteríamos, de tal forma que se nos hizo fácil dividirnos la cueva en aproximadamente 150 metros por cordada, de modo que en dos días, máximo tres, terminaríamos el armado, todos estaríamos en la sima y para el viernes estaríamos afuera con todo desarmado y el sábado para regresar. Bonitos planes. Inclusive dos compañeras más, Yolotzin y Monica quedaron de llegar el viernes. En nuestro mundo ilusorio, no las necesitábamos, así que les hablamos y les dijimos:
- Si quieren llegar las esperamos… ¡pero realmente van a llegar a desarmar y sacar equipo, así que no tiene importancia que lleguen!
Nunca pensamos cuánto íbamos a lamentar tal decisión.
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| Topografía, tomada de AMCS 12:24 |
Antes de la una se designó el orden de las cordadas, de tal forma que entrarían de la siguiente manera: los chismosos, la del amor, los vientos y los choferes resignados, y entre una y otra se daban seis horas para poder armar. Cada una tenía que llevar su equipo de armado y gordo personal; además las dos últimas cordadas llevarían equipo de vivac, aunque la información que teníamos hablaba de sitios de vivac no precisamente idílicos.
A las cuatro de la tarde entró la cordada de los chismosos para armar los primeros 150 m. A las diez y media de la noche entró la cordada del amor, y lo primero a lo que nos enfrentamos fue a un choque de calor muy fuerte, extremadamente fuerte; de hecho, no era necesario el overol, y mucho menos el mono interno, ya que la deshidratación era continua.
El segundo problema fue que el sótano realmente es técnico: tiro tras tiro se complica y desplazarse por la cueva necesita de una real concentración. “Pero no importa, somos hombres o payasos” le comenté a Daniel, y como buen español él entró primero.
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| Daniel en el tiro de 55 metros. Sótano de Tialco |
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