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| Miércoles 16 de enero de 2008. Núm. 3 |
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A mis amigos, compañeros de esta aventura
Amigos y nadie más, el resto… la selva.
Jorge Guillén
“¡Joel, cuidado!”, gritó Toño, mientras señalaba en medio del arroyo que cruzaba mi amigo y donde a menos de un metro, asomaba su cabeza una nauyaca, la serpiente causante de más muertes por su mordida en todo Centroamérica.
Hoy, a casi siete años de haber realizado la expedición a las montañas mayas, cuyo nombre original local es "The Maya Mountains", los recuerdos se agolpan y me hacen buscar auxilio no sólo de mi bitácora, si no también de mis fotografías, bajo el viejo lema de "recordar es volver a vivir". En especial, sobre todo, cuando dos mis mejores amigos, participantes de esa expedición, ya no se encuentran aquí.
DICIEMBRE DE 1996, INICIANDO EL CAMINO
Por fin, después de casi un año de trabajo que incluyó desde buscar financiamiento hasta tomar cursos de manejo de serpientes y realizar caminatas nocturnas en cañones como Aculco o en la Sierra de Meztitlán, estábamos en la Terminal de Autotransportes de Oriente. Todos menos Polo, quien habría de alcanzarnos después, en Chetumal, Quintana Roo.
Quizá por el total de emociones y experiencias vividas en la selva, este largo y cansado viaje en camión hasta Chetumal, sea de lo que menos me acuerdo, el camino lo dedicamos a platicar sobre lo que cada uno esperábamos de la salida.
BELICE CITY
Belice es un país resultante de la colonización inglesa, la mayoría de sus habitantes son descendientes de los esclavos que los ingleses trajeron a América, poco a poco, este pueblo comenzó a desarrollar su propia cultura que inclusive se liga mucho a la jamaiquina. El país tiene frontera en el sur con Honduras, en el Norte con México, en el noroeste con Guatemala y al este con el Mar Caribe.
Sus principales ingresos económicos provienen tanto de la exportación de cítricos —algo que pudimos comprobar durante todo el camino al encontrarnos con enormes sembradíos de naranja— como del turismo y, sobre todo, del ecoturismo. Este último sería un punto a nuestro favor, aunque para muchos de los habitantes sería muy extraño ver a mexicanos pasar por su país sin vender nada, es decir, como simples turistas.
En esta ciudad, donde los orientales inmigrantes poseen la mayoría de los negocios más rentables, terminamos de hacer las compras que eventualmente necesitaríamos al adentrarnos en la selva, artículos como machetes, repelente de insectos, comida enlatada, harinas, cereales y demás provisiones fueron, por comodidad, adquiridos ahí.
Iniciamos, todos juntos ya, pues Polo había llegado como lo prometió, el camino rumbo al corazón de Belice. Al pasar por Belmopan, actual capital de ese país, compramos las últimas cartas topográficas que necesitábamos para nuestra expedición; ocho cartas nos antojaban un camino largo y, por ende, difícil.
LA RESERVA DE VIDA SALVAJE COCKSCOMB
Belice es realmente una especie de Torre de Babel, étnica y lingüísticamente hablando, pues mientras en Belice City el idioma oficial es el inglés (una suerte de inglés mezclado con "garífona" antiguo dialecto en el país, lo que nos dificultaba la comunicación), en Belmopan encontrábamos sin problema personas que hablaban español y poco después comenzó a ser común encontrarnos con personas de rasgos mayas quienes, además de hablar español y su lengua materna, dominaban el francés o el inglés. Inclusive el italiano.
Conocimos alemanes, franceses y españoles que se extrañaban de nuestro interés por entrar a la selva habiendo lugares como Blue Hole, uno de los más bellos arrecifes del mundo para bucear, o las islas cercanas a Belice, conocidas como Cayos, donde se podían pasar agradables días sentados frente a la playa. ¿Cuántas veces como montañistas se presentan estas opciones? Muchas. Sin embargo, no nos atraen.
Después de varias horas de viaje, llegamos a una terracería que marcaba, a una distancia de ocho millas, la entrada a Cockscomb Basin Wildlife Sanctuary. Ahí queríamos iniciar nuestra caminata. Lo avanzado de la hora nos hizo acampar en un Trailer Park donde, bajo una palapa, nos guarecimos de una fuerte lluvia, como las que siempre caen en Belice. O al menos como las que nos tocaron.
Al día siguiente caminamos poco menos de dos horas y ya estábamos a la entrada de la reserva. A pesar de ser un camino amplio, la selva era impresionante a ambos lados. El guardabosques nos explicó las regulaciones del país y del lugar donde nos encontrábamos.
La reserva es una de las más grandes del país y en ella se encuentra el Victoria Peak, considerado el punto más alto de Belice, mismo que era de gran interés deportivo para los miembros de la comunidad montañista local. El guardabosque ofreció conseguirnos un guía para atravesar esa parte de la selva y llegar al Victoria, a 23 km de donde estábamos. Pero antes teníamos que obtener un permiso en Belmopan, lo que implicaba que algunos de nosotros tuvieran que recorrer casi un día de regreso para poder obtener tal documento. |
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Los miembros del área de escalada en roca integrantes de la "Expedición Perú 2008" regresaron con un par de triunfos, y mas experiencia a sus espaldas.
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